Mareas del terror

Capítulo Tercero: Bajo la mirada del mal

Encuentros inesperados

Luego de los brutales acontecimientos en la “Posada del Viejo Loco”, que mantenía una fachada para el centro de operaciones, de la cofradía “Los Filos de Plata”, un mensaje errático comienza a pulular entre sus sobrevivientes; la llegada del Vampiro Gracknot Drakul es inminente y la suerte de los habitantes del Distrito de Vigía de los muelles, se agota cada segundo que pasa. Extraños susurros de naturaleza desconocida, remecen las mentes de los héroes ¿Qué misterioso secreto encierra el poder en Puerta del Oeste?

Es difícil dejar el hogar, aquel lugar donde has echado raíces, y es mucho más complejo dejar el hogar cuando es Aguas Profundas. No me importa lo que digan, quizás los baldurianos hoy se sientan los amos de Faerun, pero todo agundino que vivió en la Ciudad del Esplendor antes de la maldita Spellplague sabe porque debe estar orgulloso. Era hermosa, su evidente belleza escondía tesoros ocultos a los sentidos toscos de los humanos y enanos que alli habitaban, incluso una vez… ¿que? ¿Puerta del Oeste? ¡ah, sí!, bueno, ahí donde termina mi historia en Aguas Profundas comienza aquella en el escenario que fue Puerta del Oeste.

Para comenzar, imagina el olor más fuerte que hayas sentido en el peor puerto que hayas visitado, luego magnifícalo y extiéndelo a cada calle adoquinada, por cuadras y cuadras y tendrás una vaga idea de lo que se siente llegar al distrito portuario de aquella ciudad. No tenía otra opción, amigos queridos se arriesgaron al ayudar a alguien perseguido como yo, en especial considerando la sombría reputación de mi persecutor, verás en Aguas Profundas existe la leyenda sobre… ¿Que?… lo siento, estoy divagando.

Llegue cobijado por la noche, portaba mi equipo de mercenario y tenía un papel con un nombre: “Tuskan Bribederos”. No fue difícil encontrarlo, hombre común de fama común, posadero, grande, gordo y calvo, de higiene cuestionable pero ciertamente amable y de aspecto sincero. Ya la noche anterior la ciudad avisaba que no me mantendría ocioso mucho tiempo, un Tiefling se escapaba de entre los dedos de la guardia local en medio de un espectáculo que, a mentes no entrenadas, causaría de seguro confusión y pavor; mas no es mi caso y, antes de que aseguraran la zona de la plaza donde ocurrió el gran escape, pude inspeccionar una estatua que lloraba sangre al momento del suceso. Era evidente, rastros de magia arcana, de la escuela de transmutación… ¿como? bueno, transmutación signifi… ¡bah! no me interrumpas ¿de acuerdo? bien, como decía, la ciudad me mantendría claramente ocupado, y más pronto de lo que esperaba.

Tuskan no perdía el tiempo, me dio refugio y rápidamente me llevo allí donde podrían necesitar mis servicios. La guardia del distrito había masacrado, porque eso fue, una masacre, a un pequeño gremio de ladrones, sufriendo bajas importantes. El tabernero me presento al capitán de la guardia, un enano llamado Adrik Warstout, un sujeto severo, de voz algo nasal y, como pronto vine a conocer, resuelto a cumplir su labor de la mejor manera posible, aunque aquello implicase machacar una cabeza o dos. Entre fugaces presentaciones, no tardo mucho en darme una capa con el distintivo de la guardia y así pase a ser, una vez más, una mente de alquiler, como creo se retrata mejor mi labor.

El enano me llevo al cuartel, me enseñó los calabozos, me habló sobre las actividades anteriores y pronto llegamos al tema del día, de la semana y, tal vez, de muchos años: Un vampiro se aproximaba a la ciudad, invitado por una delas casas nobles, los Laucennia, con objetivos desconocidos pero, de seguro, oscuros. Ese nombre resonaba en mi cabeza, Laucennia, y de pronto recordé un viejo libro llamada “Orígen y Heráldica de las familias del Mar de las Estrellas”,empastado en cuero azulado, su lomo adornado con pequeñas incrustaciones metálicas, ¿me creerías que fue escrito por un mediano? pero… no me mires así, sírveme algo de vino y continúo.

Muy bien, como decía, los Laucennia no son cualquier familia, para nada, es por pocos sabido que su ascenso al poder esta cubierto de sombras, tratos diabólicos y sangre, aquella con que se sellan dichos acuerdos. De pronto, aquel tiefling fugado, quien había sido llamado a capturar por Lady Dreneris Laucennia, la primogénita de la familia, se volvía un jugador más relevante en este juego. Fue en medio de mi cátedra al capitán cuando nos interrumpió la llegada de Lord Bodrik Laucennia, hermano menor de la familia. Entro con garbo, manteniendo un rostro sereno, pero en cuanto los guardias se retiraron, se desmoronó, volviéndose un manojo de nervios, súplicas y desesperación. Se oponía a la invitación que su hermana había hecho al vampiro, solicitaba al capitán detener el arribo de éste, porque razones no me es claro, pero su petición sonaba, entre sollozos, sensata. Adrik ofreció intentar retrasarlo, pero como todo buen enano, parecía no estar dispuesto a romper las reglas o dejar desatendidas las ordenes que había recibido. Enanos, un árbol les impide ver el bosque. Lord Bodrick, más calmado, se retiró, dejando en nuestras manos el asunto, adoptó nuevamente una pose más briosa, y se retiró, no sin antes despedirse de mi con notoria deferencia… ¿has sentido que alguien sabe más de ti de lo que debería? Quizás el hombre acongojado que vimos era la máscara, y no el noble gallardo que llego… disculpa, estoy divagando.

Ya con una misión , nos dirigimos a tratar asuntos de la guardia. En el camino anunciamos la búsqueda de mercenarios para integrarse al contingente local o de grupos de aventureros en busca de dinero fácil manteniendo el orden del distrito. Un grupo rápidamente se acerco, un mago intercambio palabras con nosotros, parecía poca cosa, pero ciertamente algo ocultaba… No te afanes, ya llegaremos a ello.

Llegamos a no se donde en los muelles donde dos chicos de Aldrik detenían, con relativo éxito, una trifulca. El enano la controló rápidamente, y una vez se calmó todo, un borracho, o al menos eso aparentaba, entró en contacto con nosotros, un elfo, acompañado de un semi-humano, o semi-elfo, como quieras llamarle. Después de algunas maromas para encubrir sus intenciones, revelaron ambos sujetos, con total sobriedad cabe decir, que querían ayudar a la ciudad, que sabían lo que se aproximaba; El capitán, al parecer conociendo su territorio, aconsejo que nos reuniésemos en el callejón del cuervo.

Llegamos con la noche a nuestro favor, nos encontramos con los sujetos, quienes efectivamente sabían más que solo rumores de calle. La discusión debo decir se acaloró, se negaban a revelar su identidad, ¡esa no es forma de mantener una discusión! Mucho menos cuando decían querer ayudar. Hubiésemos seguido ahí en puras palabras cuando de pronto avisté una pequeña criatura merodeando en los techos, espiándonos, ¡era un diablillo! Fue el momento de hacer gala de nuestras habilidades. Rápidamente lo perseguimos por los tejados y, entre mis acertados sortilegios y, debo decir, la ayuda del par de extraños, que mostraron tener recursos interesantes, capturamos a la criatura.

Un leve vistazo y lo supe, no era cualquier diablillo (como si fuesen muy comunes, ¡ja!) era un familiar… ¿que qué es un familiar? bueno, algunos magos… olvídalo, sirve más vino… el punto es que tenía dueño, el cual no tardo en aparecer. Era el mago mequetrefe de hace unas horas, el mismo tipo algo torpe que se acercó a nosotros preguntando por las ofertas de dinero trabajando para la guardia, pero no podía ser solo eso, no cualquier arcanista vincula un diablillo a su voluntad, no, eso es digno de alguien con poder, grandes cuotas de poder. Se acerco, saliendo de entre las sombras aquel mago,, tenía un buen disfraz, pero yo una mente más aguda ¿sabes? Era claro, tenía todas las señales, así que les advertí a los demás: “No suelten a ese diablillo”. Era nuestra moneda de cambio. Luego encaré a la figura cada vez más sombría, y a sabiendas de la ofensa que le propinaba, le dije: “Basta de engaños, demonio”. Y créeme, fue como un puñal en su orgullo, replico: “No me confundas con esas insignificantes criaturas”. EL telón se había levantado “Ah, entonces basta de engaños, Diablo”. Fue momento de comerciar, nos espiaba, y te aseguro, si hubiese querido, no estaría aquí contándote mi historia, pero teníamos a su diablillo, y a cambio de su vida nos ofreció 3 respuestas, a 3 preguntas. Cuando hablas con un diablo debes pensar bien cada palabra, y mucho más cuando has de preguntarle algo. Nos reveló una pieza fundamental en este fatal puzzle, su objetivo aquí: venía a cobrar una vieja deuda de los Laucennia. Le entregamos su pequeña abominación, y se retiró a través de un umbral infernal.

¿Que más te puedo decir? estábamos en problemas, en medio de un juego de poder con Reyes y reinas demasiado grandes, con demasiada sangre de por medio. Para hacer menos amena aún la velada, los dos sujetos insistían en mantener el anonimato, a pesar de mis llamados a cooperar con franqueza. Uno de ellos se presentó, el semi-elfo, Subenol Dundragón era su nombre, hábil con los sortilegios al parecer, y en el combate anterior me quedo claro que guardo algún vínculo con el mundo feérico. El otro sujeto al parecer se ofusco con mi actuar, no se por que, después de todo estaba ayudando a la maldita ciudad que llama hogar, ¡y aún no recibía ni una pieza de oro! Pero bueno, entiendo la frustración de ver tu hogar en peligro, mancillado, amenazado, con o sin oro, estaba dispuesto a ayudar.

A lo que no estaba dispuesto era a seguir discutiendo con mentes tan tozudas. Tomamos un carruaje con el enano y nos dirigimos a la guarnición, necesitaba descargar mi frustración, destapar mi vino élfico y calmarme, era hora de sacar deducciones. Y eso es lo que mejor hace una mente de alquiler como yo.

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Veliard Ngagn

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